Clement Rossét. Lo Real y su doble. "Ensayo sobre la Ilusión" (22-02-94)

(Ed. Tusquets)

 

Lo real sólo se admite bajo ciertas condiciones y sólo hasta cierto punto.

La realidad puede ser rechazada de formas muy variadas:
-Rechazo radical. Autoaniquilación, locura (represión o forclusión) ceguera voluntaria.
-Percepción inútil. Veo pero no me conmuevo. Es la ilusión. Atención a las obsesiones de la imaginación y a los deseos. La percepción del iluso está escindida en dos: el aspecto teórico y práctico.
Se percibe la realidad pero se decide no computar lo percibido, (se aluden las consecuencias). El iluso convierte el acontecimiento único que percibe en dos acontecimientos que no coinciden, de modo que la cosa percibida se desplaza y no puede ser confundida con ella misma. Es como si dos aspectos del mismo acontecimiento adquieran cada uno existencia autónoma. Hay una profunda conexión que une la ilusión a la duplicación.

Una crítica paradójica de los oráculos es que se cumplen y, no obstante, sorprenden por su propio cumplimiento.
El oráculo anuncia un acontecimiento por anticipado de modo que uno tiene la oportunidad de prepararse o de precaverse. Ahora bien, el acontecimiento se cumple tal como había sido predicho, pero ese cumplimiento tiene la curiosa fortuna de decepcionar las expectativas, justo cuando supone que debiera satisfacerlas.

Se anuncia "A"
Se produce "A" pero no es reconocido como lo que se esperaba.
El sujeto reconoce el acontecimiento pero no se reconoce en él.
El engaño no está en el acontecimiento sino en la expectativa.
Lo único satisface la espera al realizarse pero la defrauda al eliminar otro modo de realización.

Bergson. Lo que se dice y lo que se hace parece inevitable. Uno asiste a sus propios movimientos, a sus pensamientos a sus acciones. Las cosas ocurren como si uno se desdoblara. Este sentimiento de desdoblamiento sólo existe en la sensación.

Los acontecimientos reales aparecen como dobles de los otros acontecimientos.

Lo real y los acontecimientos poseen la cualidad de ser, en cierto modo, "lo otro de nada", de aparecer como el duplicado de otra realidad que se desvanece perpetuamente en el umbral de cualquier realización, en el momento de todo paso a lo real.

El conjunto de los acontecimientos que se cumplen - la realidad en su conjunto - no forma sino una especie de mala realidad que pertenece al ámbito del doble, de la copia, de la imagen: es lo otro.

Se dice que la vida no es más que un sueño, un cuento contado por un idiota (Macbeth).
El destino de toda realidad es situarse fuera del juego de lo posible.
Lo hemos perdido todo al nacer (Cioran).
Hay algo que se llama destino: eso significa, no el carácter inevitable de lo que sucede, sino su carácter imprevisible.
Siempre seremos sorprendidos, siempre tendremos la certeza de que seremos sorprendidos. Siempre podremos esperarnos -con toda seguridad- que nunca podremos esperarnos lo que ocurra.
La verdad del mensaje oracular consiste menos en predecir el futuro que en afirmar la necesidad asfixiante del presente, el carácter ineluctable de lo que ocurre ahora.
La predicción tiene carácter simbólico: es una proyección en el tiempo de lo que el hombre espera en cada instante de su vida presente.
Uno no escapa a lo real.
El combate contra el destino es el combate contra uno mismo.
El mundo es simple, idiota. Por eso se requiere otro mundo llamado a dar cuentas de este.

El discurso metafísico funda el otro mundo.

Lo propio de la imagen metafísica consiste en hacer presentir bajo las apariencias percibidas, la significación y la realidad que le aseguran la infraestructura y explican, precisamente, la apariencia de este mundo, el cual no es sino la manifestación, a la vez primordial y sutil, de un asombroso misterio.

El mito de la caverna y la teoría de las reminiscencias son las expresiones más precisas del tema de la duplicación de lo único, que hace del platonismo en general una filosofía de esencia oracular.

Teoría de la reminiscencia. Nunca se descubre nada: Todo se recupera mediante la memoria, gracias a un reencuentro con la memoria original.

Talleyrand -"Hay que desconfiar del primer movimiento, pues generalmente es el bueno. Es imposible acceder a la inmediatez.

La realidad humana parece no poder comenzar sino con la "segunda vez".
Para ser real hay que copiar algo. La primera vez no se copia nada.
Privada de inmediatez, la realidad humana queda privada, también, de presente.
El presente es demasiado inquietante y sólo es abordable por medio de la representación, conforme a una estructura iterativa que lo asimila a un pasado o a un futuro, gracias aun ligero desfase que corroe su insoportable vigor y sólo permite la asimilación bajo la forma de un doble, más digerible que el original en su crudeza primera. De hay la necesidad de cierto "coeficiente de falta de atención a la vida".
La paramnesia (dejá vú) es vista por Bergson como recuerdos del presente que redoblan la percepción actual (una especia de resonancia).
La doble percepción no es sólo una distracción momentánea con respecto al presente sino más bien una denegación del presente.

Arrojar de modo automático -el presente al pasado o al futuro es muy frecuentemente, el acto de un sujeto que no es que piense en otra cosa que acapare su atención, sino que, por el contrario, está fascinado por la cosa misma, presente, de la que intenta distraerse de manera desesperada, y que sólo lo consigue relegándola, como por arte de magia, a un pasado o a un futuro próximo.

-El presente es lo -- percibido, lo invisible, insoportable. Recordar aquí la leyenda islamica del nacimiento de la historia como forma de desarrollo para recuperar el lapso que el Hombre Adámico produjo al contemplarse a sí mismo dejando de atender a su Creador.

La empresa metafísica consiste en apartar la inmediatez, relacionándola con otro mundo.

-Hegel, distingue tres mundos. En primer lugar, el mundo de las apariencias sensibles: en segundo lugar, el mundo suprasensible; en tercer lugar, ese mismo mundo supersensible pero considerado en tanto que coincidente con el primer mundo, el de las apariencias.

Lo sensible aquí es entendido como concretización progresiva del más allá suprasensible del cual constituye la culminación.

Lo interior o más allá proviene del fenómeno y el fenómeno en su mediación. El fenómeno es su esencia.

Lo suprasensible es el fenómeno como fenómeno.

-El mundo inteligible es el fenómeno como fenómeno, la manifestación que, en su devenir, es únicamente manifestación de sí para sí.

Sin lo suprasensible lo sensible carece de sentido, por lo tanto lo suprasensible existe.

-El gusto por la complicación expresa, ante todo, una necesidad de duplicación, necesaria para la aceptación a hurtadillas de un real cuya unicidad cruda se presiente instintivamente como indigesta.

El doble de uno mismo siempre es concebido como si gozara de una realidad mejor que la del propio sujeto y, en este sentido, puede aparecer como una especie de instancia inmortal con relación a la mortalidad del sujeto.

Morir sería un mal menor si al menos uno estuviera seguro de haber vivido.

Yo es otro. La verdadera vida está ausente.

La búsqueda del yo está siempre ligada a un retorno obstinado al espejo.

El temor profundo es no ser yo mismo quien creía ser.

La muerte significa el fin de toda distancia posible, tanto espacial como temporal, de uno mismo con respecto a uno mismo.

La necedad.

La seguridad es una trampa que acaba vinculando al héroe trágico con su destino y encerrando al hombre en sí mismo.

Queriendo ser otro a cualquier precio es como el hombre habitualmente se autoafirma.

La falsa seguridad es la constancia misma de la ilusión.

El abandono del doble.

El gran descubrimiento es advertir que el yo, en tanto que ser singular, no sólo no interesa a ningún otro, sino tampoco a mi mismo, y que sólo obtengo ventajas prescindiendo de mi propia imagen.

Vermeer pinta su ausencia y, así, hace visible lo invisible.

La presencia verdadera de uno en uno mismo implica la renuncia al espectáculo de la propia imagen.

El narcisista sufre por no amarse: sólo ama su propia representación.

El héroe romántico sólo vive en la medida en que su vida está garantizada por la visibilidad de su reflejo.

Sólo la institución está en condiciones de dar existencia a la "sustancia". El individuo será social o no será.

La persona es una entidad institucional garantizada por el estado civil.

Conclusión.

Los diferentes aspectos de la ilusión descritos anteriormente remiten a una misma función, a una misma estructura, a un mismo fracaso. La función: proteger de lo real. La estructura: no negarse a percibir lo real, sino desdoblarlo. El fracaso: reconocer demasiado tarde en el doble protector la realidad misma de la que uno se creía a salvo. Tal es la maldición de la finta: regresar, tras el rodeo de una duplicación fantasmal, al indeseable punto de partida, lo real. Ahora se comprende por qué tratar de esquivar es siempre un error: resulta siempre inoperante porque lo real siempre tiene razón. Ciertamente, es posible intentar protegerse de un acontecimiento futuro, aunque éste sea tan sólo posible, uno jamás se protegerá de un acontecimiento pasado o presente, o inclusos de uno que sea <<cierto en el futuro>>, como en el simbolismo oracular, que anuncia por anticipado una necesidad ineluctable que posee ya todos los rasgos de una necesidad presente: y el gesto mediante el cual uno intenta deshacerse de él jamás podrá <<hacer nada mejor>> que reproducir literalmente el acontecimiento temido o, más exactamente, constituirlo. Eso le sucede a Edipo, como a todo hombre desterrado de sí mismo, es decir, a todo hombre en un momento u otro de su existencia. Algo análogo sucede, como hemos visto, en sectores muy diferentes de la ilusión: la obsesión (phantasme) del doble incide, por ejemplo en el mecanismo elemental de la necedad, pero se halla también presente en una tendencia fundamental de la metafísica o, al menos, de cierta metafísica.

Evidentemente, que estas diversas ilusiones pertenezcan al tema del doble no significa de maner necesaria que toda forma de ilusión tenga que ver con el doble. Antes de dar por segura esta conclusión, habrá que proceder a un inventario completo, imposible por definición, de todas las manifestaciones de la ilusión. Nótese simplemente -siguiendo en esto el ejemplo de los abogados que dejan a la acusación el cuidado de proveer la prueba- que la tesis presentada aquí sigue siendo la verdadera hasta que se le oponga un caso de ilusión que no se reduzca, directa o indirectamente, a una duplicación mágica de la cosa y a una vacilación confusa entre el único y su doble. Caso que, al parecer, aún no ha surgido.

Tal vez, es cierto, hubiera debido incluir las célebres <<ilusiones de los sentidos>> que evidentemente no guardan relación alguna con el rechazo de lo real mediante la duplicación de éste. Pero las llamadas ilusiones de los sentidos son más bien errores que ilusiones en sentido estricto. Sin poner en juego el deseo o el miedo -y es difícil no seguir en este punto a Freud cuando, en El porvenir de una ilusión, relaciona la ilusión con el deseo, y no con el error-, no implican ninguna protección con respecto a lo real y, por tanto, pueden considerarse como simples errores de juicio, tal como apuntaban ya los escépticos griegos.

Del mismo modo, hubiera sido vano buscar en el ámbito de ciertas formas triviales de ilusión -las que recuerda cotidianamente el lenguaje corriente cuando dice de fulano o mengano que <<se hacen ilusiones>> de situaciones frecuentes que a menudo pueden parecer alejadas, ciertamente, del tema del doble. Así, yo me ilusiono, todos los días, cada vez que me imagino inteligente, bello, amable, ora rico, ora colmado de favores y de honores. A primera vista, esta clase de ilusión trivial no parece tener una relación manifiesta con la duplicación. Un examen más atento mostraría sin embargo, que en todos los casos la visión optimista de uno mismo y de su propia suerte implica un quiasmo entre lo percibido y lo que se deduce de la percepción, análogo a aquel por el que Boubouroche distinguía entre el pensamiento de su rival y el pensamiento de la fidelidad de su amiga. El personaje de Bélise, en Las mujeres sabias de Moliére, es el ejemplo típico de esta doble visión que permite conciliar el optimismo personal con una percepción en resumidas cuentas realista de los hechos. Bélise se cree  bella, inteligente y amada; al enterarse de que Clitandre -a quien ella considera uno de sus amantes más solícitos- está a punto de casarse con una de sus rivales, Bélise se convence mucho más acerca de los sentimientos de Clitandere para con ella. Adopta la misma actitud cuando se le hace notar que el resto de sus supuestos amantes han huido de su presencia: nada más normal, responde ella, puesto que me aman. Bélise consigue ver que no es cortejada por nadie y, al mismo tiempo, que es amada por todos, como Boubouroche ve a la vez que Adéle tiene un amante y que Adéle le es fiel.

Toda autosatisfacción ilusoria -¿debería decirse toda autosatisfacción?- compete en el fondo a este mismo esquema duplicatorio que opera un desdoblamiento paradójico entre la cosa y ella misma. De este modo, la ceguera cotidiana respecto a uno mismo, ilustrada de manera caricaturesca por el personaje de Bélise es una variante entre otras de la obsesión (phantasme) del doble, que es inherente a la ilusión. Sólo se trata de una forma derivada y trivial de la ceguera primera y <<noble>> que hemos encontrado en la maldición  del oráculo y en la tragedia. Su estructura no difiere fundamentalmente de la de todas las ilusiones antes evocadas, y cabe pensar que probablemente ocurra lo mismo en toda ilusión.

Por último, quedaría por mostrar la presencia de la ilusión -es decir, de la duplicación obsesiva (phantasmatique), en la mayoría de las investiduras (1) psicológico-colectivas de ayer y de hoy: por ejemplo, en todas las formas de rechazo o de <<contestación>> de lo real, de las que cabe establecer que no llegarían a mostrar lo que existe sin el apoyo de un doble ideal e impensable. Pero esta demostración correría el riesgo de acarrear polémicas inútiles y, por otra parte, en el mejor de los casos, conduciría a poner en  evidencia verdades en suma bastante triviales. Tal desarrollo sería, así pues fácil, pero fastidioso, de modo que nos lo ahorraremos aquí.